Hay dos motivos principales para escribir en este glob. Por supuesto, uno es la indignación; y el otro, comentar buenas noticias. Desde el 22M el ambiente ha estado más quieto, hasta esta semana pasada, en la que los noticiarios han estado cargados de argumentos variados, tanto de lo uno como de lo otro.
Para empezar, los parlamentarios regionales de Catalunya se han visto en la necesidad de correr como gallinas para perpetrar la enésima ronda de “reformas”, pasando de estrangis en los furgones de la policía donde normalmente se lleva a los delincuentes presos; la imagen no tiene precio. La violencia habida en estas protestas es absolutamente rechazable, desde luego, pero el hacer de forma pacífica que los esbirros (*) del auténtico poder aprecien que su trabajo se hace un poquitín difícil está por supuesto en la bandeja de las buenas noticias. La siguiente “reforma” les saldrá un poco más cara.
Luego ha venido la contra-indignación. El despliegue es extremadamente desproporcionado a la realidad de los hechos. (Me repito con la memoria, pero vamos, se ha visto que pegaban a Bono con el palo de la Bandera y ninguna tertulia descalificó de semejante forma a la AVT; el episodio acabó en españolada, el único que fue a juicio fue el policía que trató de detener al pegador). Los propios interesados, es natural, han estado en la primera fila del coro, llorando que los representantes elegidos son sagrados y tal. Estoy totalmente en desacuerdo, mis representantes deberían servirme a mí, que para eso les voto, y les pago (muy bien en proporción a su esfuerzo). Después del espectáculo de chalaneo y compraventa de poder electoral que ha seguido a las pasadas elecciones, estas protestas de superioridad moral rebasan por mucho el límite de la ridiculez, pornografía mala. En las segundas, terceras, y sucesivas filas, los de siempre, tele-Espe, legiones de tertulianos y los “intelectuales” de guardia del sistema, Savater (¿o es Sabater?), Dragó y compañía. Lo mismo hasta les hecha una mano Bernard-Henry Lévy, el defensor más firme de nuestro ínclito Dominique.
Todo esto demuestra una cosa. El 15M duele mucho. Se intentó descalificar al principio como un entretenimiento extravagante de desocupados (¡a la fuerza desocupados!), pero después se ha visto que va bastante en serio, y de momento con torpeza, seguramente vendrán ofensivas más inteligentes, se hacen todos los esfuerzos imaginables para desactivarlo. Esto va para muy largo. Por eso, hay que seguir currándoselo, adecuando las acciones al curso de los acontecimientos. Para empezar, hoy en un rato tocan las marchas a Neptuno, por la de Cuatro Caminos/Castellana me acerco.
Todo esto, aunque no lo parezca, eran las buenas noticias. ¿Y el combustible para recargar la indignación? Fácil, fácil: según el Financial Times, que de esto debe saber, los altos ejecutivos de la banca usiana y europea se han subido el sueldo, ya muchimillonario, en un modesto 36% de media. Exacto, lo que trincan de los demás, la gran mayoría, se lo levantan entre unas pocas docenas, y a veces hasta les queda una limosnita para compensar el sacrificio de los esbirros.
No hay comentarios:
Publicar un comentario