Sus recientes manifestaciones sobre la oportunidad de hacer una especie de ERE tal que así de grande en la función pública han generado injustamente una gran polémica. Muy injusta, porque lo que este chiquito ha hecho es un gran servicio a la sociedad, explicar nada menos el futuro que (n)os espera, más temprano que tarde. Sirve de ejemplo, entre muchos otros, lo que se está haciendo en la sanidad madrileña o valenciana.
Se "externaliza" el servicio con el argumento hueco, nunca probado pero bien asimilado en la imagen social, de que la organización privada es más eficiente y económica que la pública. De vez en cuando, casualidades, el empresario agraciado resulta ser tu amiguito del alma, o el que venía siendo tu patrón hasta que te colocaron en la Secretaría o Consejería de La Cosa.
El trabajador resulta una molestia, suele saber demasiado, mejor sacarlo de en medio, por lo menos reconvertirlo a miniempleado. Y en el lado ingresos, se puede reclamar por sobrecostes y expectativas no alcanzadas. Así que todas las máquinas del casino están trucadas. Al fin, el contribuyente paga el doble, por un servicio deteriorado y el "emprendedor" se lo lleva muerto. ¡Triunfo absoluto!
La condición personal de cada uno nos hace reaccionar a estas cosas de forma distinta. A mi me pesa mucho el factor cansino, por lo que le diría a Juanito que concrete ofertas para un ERE pactado. No es que importe mucho, con la edad funcionarial media este falso problema está resuelto en poco más de 10 años, y el eficiente empresariado patrio tendrá entonces barra libre.
En estras estamos cuando va el Papa y dimite. Dará ríos de tinta (electrónica), pero un primer balance es positivo:
Sí se puede. ¡Que cunda el ejemplo!
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