domingo, 13 de mayo de 2012

Adieu!, chiquitín

En el fondo, el señor Hollande me trae las mismas esperanzas de cambio real futuro que en su día me dio el emperador Obama, absolutamente ninguna. Tampoco, por tanto, me traerá decepciones. No obstante, cualquier grieta en el por ahora monolítico frente de las "reformas" más-de-lo-mismo es muy bienvenida, y si el tiempo me hace cambiar de opinión, todavía mejor.

Por otro lado, en lo más personal por no decir visceral, estoy contentísimo de que el pequeñín (incomparablemente más chiquito en su dimensión política y moral que en estatura) se vaya chez lui, sin palacio, saraos globales, ni barra libre de presupuesto del Estado.

Me recordaban el otro día que Le Petit Nicolas es un personaje de literatura infantil enormemente popular en el país vecino, un niño tierno y cercano. No ha tenido mucha suerte el de ficción: al coincidir en nombre con el expresidente, lo ha visto hecho carne de chistes, juegos de palabras y vídeos de factura friki, como el pequeño Nicolás y sus amigos (versión frañola). Al menos, mientras el de cuento seguirá entreteniendo a generaciones, de este individuo nos olvidaremos en cuatro telediarios.

El sábado también estuve en Sol. Además de ganar moral y hacer patente la voluntad de resistencia, hay que utilizar todas las ocasiones posibles, antes de que se ilegalice cualquier clase de protesta ordenada y pacífica. A una edad, ya no se está en condiciones de competencia atlética con los de orden público, más cuando los actuales son mucho más macizos que los de hace 40 años. Vi alguna alusión en las pancartas, ¿le ha propuesto alguien a Fernández que recupere el gris para el uniforme de los maderos? Creo que esto crea riqueza (a alguno en alguna parte), y sería señal de hacia donde va, o quieren que vaya, el llamado estado democrático.


No hay comentarios:

Publicar un comentario