Aprovechando que el Tajo pasa por Cuenca(*), el presunto gobierno y su nutrida claque mediática han puesto en marcha una nueva fase en su esfuerzo para solucionar la crisis, que cabe describir con el título de la peli de Berlanga, "Todos a la cárcel"
No me hace falta incidir más en la total falta de rigor de relacionar el malestar social, que lo hay, con el asesinato de esa señora, por un conflicto absolutamente personal, a manos se ve que de un par de antiguas amigas y todavía correligionarias.
Ni tampoco sobre la criminalización de una colección de descerebrados incapaces de entender que lo que se escribe en la pantallita no lo lleva el viento igual que lo que se charla en el bar o el supermercado. Hay que ser bastante memo, vervigracia, para mostrase a uno mismo en acción de delinquir, pero clasificarlo como amenaza a la seguridad y la democracia es pasarse algunas galaxias. El uso de muy distintas varas de medir en función de quienes sean los ofensores u ofendidos tampoco da demasiada credibilidad a esta lucha por la justicia.
Y que esto coincida con una campaña electoral en la que los dos principales partidos del régimen compiten en aburrir, parece que satisfechos del amplísimo desinterés social por sus resultados, es motivo de todavía mayor mosqueo.
Si fueran sinceros, lo primero que deberían hacer es, muy propiamente, examen de conciencia sobre su contribución a ese alegado clima de violencia y explicar qué planes y medidas van a disponer para rebajarlo.
En fin, esto parece un timo más, humo para evitar que se hable de lo que no gusta oír, y al tiempo, para que vaya calando cierta aceptación de las acciones represoras. Todavía lejos de la meta, muy afortunademente, pero un pasito más en la dirección de Irán.
Hoy toca votar. Esta vez no me quedo en la cama.
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(*) No hace falta que busquéis el atlas o abráis el guguelmaps, tampoco el Tajo pasa por Cuenca.
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