sábado, 18 de mayo de 2013

De guiri en el corazón de guirilandia

Aunque sea a los 60, y con 36 de cotización, satisface descubrir la vocación. De (más) mayor,  y a ver como llego, yo quiero ser turista. Así que me he ido una semana corta a la en tiempos, que parece se trata de reverdecer, capital del imperio, Berlín. Es una ciudad en muchos sentidos impresionante. De las impresiones que a mi me ha dejado es de lo que, de forma superficial, va este comentario.

1. Berlín es enorme, con varias partes de "centro" distantes entre sí, y no tan organizada como se podría pensar desde los tópicos habituales: además de los dejados por el Muro, que llevan 25 años reconstruyendo y fácil seguirán otros 25 más, hay por ahí en medio otros espacios de nadie, chocantes para nuestra cultura de ciudad mediterránea.
Consecuencia: el pase de 2/3/5 días de transporte público es imprescindible. El sistema de metro (U-bahn) y cercanías (S-bahn) es muy eficiente, aunque cuesta trabajo entenderlo bien. Recomendable tomar el pase que incluye la zona "C" si se programa visitar Potsdam, opción a tener muy en cuenta para estancias de más de 3 días; era la residencia imperial, y el nombre que dieron a su palacio, Sans Souci, una declaración de intenciones en toda regla.

2. Como su ciudad, tampoco son tan organizados los berlineses. Los semáforos se respetan a medias, se anda en bici hablando por el móvil, y cosas así. Menos mal, los empleados de lugares públicos, como museos o teatros, "guardan" la imagen de gente cuadriculada.
En Berlín, otra nota inesperada, están comiendo todo el día, en cualquier sitio, y con toda la gama de precios imaginable, a partir del par de euros por bocadillo, wurst, o kebab. Entendí que son como 4 millones de habitantes en área metropolitana, y debe haber como 1 millón de ofertas, sumando restaurantes, cafés, quioscos, y vendedores ambulantes de salchichas. También en los mercadillos abundan los puestos de comida. Es frecuente que la cerveza sea más barata que el agua embotellada; sin ánimo de ofender, entre las que probé, las bávaras me gustaron mucho más que las locales.

Typically German, recomendado por elmundosevebien

3. Mucho, mucho turista. Aunque hay de todas las partes del mundo, la mayoría son ... alemanes. Ahora, cosa de la "crisis", no se oye tanto español como en salidas de hace 5 ó 6 años, y el que se oye viene, asimismo más que entonces, con todos los acentos, de México, Chile, etc.
Es de sobra sabido el peso de la comunidad turca. La tarde que se aseguró la victoria en su liga el Galatasaray hubo más fiesta en la calle que ayer con la final de copa en Madrid.

4. No se hace uno fácilmente idea de lo que era el Muro hasta que se enfrenta a ello. Lo que queda en pie, no mucho, es obligatorio verlo: han hecho un memorial (S-bahn Nordbanhof) y como tramo más largo, más de 1 km, junto al magnífico Oberbaumbrücke, está lo que llaman la East Side Gallery, completamente cubierta por el trabajo de artistas callejeros.

5. No hace falta insistir sobre otros puntos míticos de la ciudad: Puerta de Brandemburgo, Parlamento, Unter den Linden (un poco frustrante ahora, que está semidesmontada por unas obras de Metro), Isla de los Museos, Postdamer Platz o el Mausoleo Judío. De este, ya muy visto en fotos, no me llamó tanto la atención el campo de monolitos como la pequeña exhibición del sótano (de acceso gratis, y no con grandes colas), que en algún punto emociona de verdad. Me encantó la plaza Gendarmenmarkt, donde está el famoso auditorio Schaulpielhaus.
Estas referencias definen lo que era el centro en la época imperial y donde se reconstruye actualmente el centro renovado. La actividad constructora sigue frenética, envidia de Florentino & Cia. Según un chascarrillo familiar, Berlín va estar grandioso cuando lo terminen, o en palabras de Dany de Vito, cuando encuentren el tesoro. En cambio, las estaciones de cercanías y metro están igual que en los años 30, y los trenes, mayoritariamente, tienen de 20 para arriba.

Gran parte del Mitte está tal que así. Más grúas en Berlín que en toda la Comunidad Valenciana en sus "mejores" días.

6. El desarrollo arquitectónico de este nuevo Berlín no deja indiferente. A mi personalmente, no me ha gustado mucho la remodelación de la Puerta de Brandemburgo, con las nuevas embajadas y demás. Mejor el área de Potsdamer Platz. La cercana zona del llamado Kulturforum, espacio con varios museos, biblioteca y el teatro de la Filarmónica, desarrollada en la parte Oeste estando todavía el Muro, confunde un poco, contrastando la calidad de diseño de los edificios con el aspecto bastante desordenado del entorno, donde hasta una esquina está dispuesta como aparcamiento de autobuses (?).
Sobre alguna polémica reciente de aquí nuestro Madrid, se observa también allí que el motor de esas actuaciones, mezclado con la voluntad política, es el desarrollo comercial. Lo que se hace más son oficinas, hoteles, centros de ocio y comerciales; eso sí, en pleno(s) centro(s), con todas las ventajas de su accesibilidad.

7. Impresionante para terminar el aliento cultural de la ciudad, con innumerables museos, teatros, música, etc. De los primeros, me gustó el Neues, más la renovación del propio edificio que el contenido, con todo el respeto debido a Dª Nefertiti, y las puertas de Babilonia, por supuesto. También sitios de arte contemporáneo, como el museo de la antigua estación Hamburger Banhof. Están además las opciones  directamente alternativas, lugares de okupas y similar.
Y el ambiente de vida de domingo de primavera, con multitudes de gente paseando, tomando el sol en los parques, bicicletas, juegos infantiles, mercadillos abarrotados, bullicio desbordado en fin por todas partes.

Dos observaciones finales a modo de conclusión:

- Me habéis preguntado alguien si merece ir. Imprescindible.

- Hay como subyacente una sensación (retrogusto dirían en moderno) de expectativa de reconstrucción imperial. La fuerte imagen de capitalidad global contribuye mucho; y esa creciente letanía de tono xenófobo, sobre el carácter mangante de los meridionales a costa de su trabajo y sacrificio. Cochina mentira, por una parte, ya que uno de los negocios más guapos de su oligarquía era clavarnos unos intereses más jugosos, con la trampa de que la seguridad de cobro ha seguido siendo la máxima, y así nos va. Y más preocupante, por otra parte, en tanto que recuerda, mal que les molesten estas comparaciones, a algunos discursos panfletarios de la década de los 30, ampliamente citados en exposiciones públicas presentes por todo Berlín.



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