1. Falciani, Mordejai Vanunu, el soldado Manning, y ahora Snowden, crece la lista de empleados desafectos que, agazapados en rincones irrelevantes del sistema, la lían parda de un día para otro. Ni líderes políticos, ni héroes de empresa, esta casta de emprendedores no pasan de currantes con alguna cualificación.
Este último caso de Edward Snowden tiene algunos valores paradigmáticos. Últimamente ya no era ni empleado de la Cía, la Agencia de Seguridad o algo de eso, sino de las sucesivas subcontratas que se venían haciendo cargo de la cosa, por aquello de la libre concurrencia en tan curioso "mercado" y la transparencia de la contratación pública, y lo "heredaban" como cualquier otra pieza de mobiliario. Me permito especular que en cada renovación perdería condiciones y derechos laborales, y luego se escandalizan de que les salgan rana. ¡Pura vida!.
2. Otros "expertos", bien retratados en trabajos como "Inside Job" o la "Cleptopía" de Taibi, son más sumisos, y raramente decepcionan a sus señoritos. Mayormente de grado, o si hace falta, a cambio de buen pienso, cumplen, con creces, lo que se espera de ellos. Ahí está el glorioso "profesor" en nómina de CCOO (porfa, despedidlo y aplicadle las pensiones "reformadas" ya!) que parece ni saber que el sistema de pagar las pensiones a costa del trabajo de los activos no es ni inmutable ni el único que puede existir, sino una opción política adoptada en un momento que no tenía nada que ver con ahora. Se ha convertido, como dice Taibi, en el sistema fiscal más regresivo que existe.
De paso, esa parte de la "fórmula mágica" que pone una esperanza de vida perpetuamente creciente, ya se arregló en algunos sitios, los propios USA por ejemplo. Y con nosotros, Mato lleva camino de hacer rápidos progresos. Quizás no sea la mejor ministra de Sanidad posible por conocimiento y competencia, pero lo del apellido, de verdad que Marianito lo ha clavado.
3. Madridistas, cuidadín con las sonrisas, que esto no es algo personal por Messi. Tanto darle al blabla tonto de que si la igualdad ante la ley y bobadas parecidas, hasta que tres o cuatro jueces y fiscales se empiezan a venir arriba, igual hasta creyéndoselo, y después de encarcelar banqueros e intentar empapelar a la hija del rey, ya se atreven a atacar hasta lo más sagrado. Sin trabajo, sin casa, sin pensión, sin futuro, ¿ahora van también a dejarnos sin fúrmbo? No, no, no, un millón de veces no! Me pellizco el brazo y vuelvo a mirar los diarios digitales, pero la pesadilla sigue ahí.
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