viernes, 30 de agosto de 2013

Los enemigos de mis enemigos...

¿Son mis amigos?

Vaya lío, como decía la canción ochentera de Objetivo Birmania. Pues bien, mi opinión es que, de serlo, no sería otra cosa que pura coincidencia.

Y además, con la edad nos hacemos más cabezones si cabe. De manera que yo, erre que erre, ni con Irak, ni con Libia, ni ahora con Siria, que no y que no a la guerra! Por lo menos, algunos que respaldaron a los imperiales la penúltima vez (en Libia, digo) ahora ya no se ven tan seguros, a palos se aprende.

Repetiremos, según parece, todas las cansinas etapas de la “intervención humanitaria”, hasta dejar de nuevo las cosas mucho peor de lo que estaban al principio, y sin siquiera obtener ganancias geopolíticas mínimamente sustanciosas.  
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Cambiando de asunto, habréis leído (si no fuera agosto, hasta se podría haber pasado por alto) que, por primera vez desde que se computa esta estadística, el año pasado disminuyó la esperanza de vida de los españoles, tanto hombres como mujeres. Exactamente, comparado con el año anterior, salimos a menos 55 días nosotros y todo un trimestre ellas. Aunque por indicios más obtusos ellos sí ponen a repicar las campanas, muy complicado es sacar la conclusión de que nos encontramos con nuevas señales de éxito de las “reformas” del presunto Gobierno; hay muchos factores subyacentes a este fenómeno, incluyendo el simple azar.

Habrá que observar con paciencia la evolución en unos cuantos años. No obstante, aplicando propiamente el lenguaje del diagnóstico médico, el hecho es compatible con la hipótesis de causalidad del deterioro de los servicios públicos y las condiciones de calidad de vida. Imprevisto en la famosa formulita del factor de sostenibilidad, mira que son bobos, del comité de expertos para la “reforma” de las pensiones.

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